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Corporatización

Podría decirse que la corporatización es la tendencia más importante en la provisión de servicios ‘públicos’ en la actualidad. Se refiere a modelos de propiedad gubernamental que dotan de autonomía legal y financiera a las empresas públicas que operan con cierta independencia del Estado. Las compañías de agua y electricidad son ejemplos habituales, aunque en la práctica se extiende a un abanico mucho más amplio de bienes y servicios, como aeropuertos, universidades, y hospitales (p. ej., en Malasia).

Existe un debate considerable sobre los méritos de la corporatización en los servicios esenciales. La contribución del MSP a esta discusión está publicada en Servicios públicos en el Sur Global: Mirada crítica a nuevas formas de gestión, una colección de estudios de caso del sector de la electricidad (Costa Rica, Malasia, Túnez) y del sector del agua (Burkina Faso, Europa, Filipinas, Uruguay). Este libro muestra cómo la corporatización puede ser tanto una bendición como una maldición, permitiendo a veces una planificación sectorial más transparente, pero fomentando a menudo que las empresas públicas de servicios operen bajo principios del sector privado que las apartan de objetivos sociales. Nuestro video animado divulga los hallazgos principales.


El principal objetivo de la corporatización es crear compañías de plena competencia, con gerentes independientes que solo asumen responsabilidades por el funcionamiento de su propia organización, y donde todos los gastos e ingresos se contabilizan como si fueran compañías autónomas. Con esta compartimentación de competencias se busca crear una mayor transparencia financiera, reducir las injerencias políticas y fortalecer la rendición de cuentas gerencial. También puede servir para potenciar la idoneidad en la obtención de préstamos y las calificaciones crediticias de las agencias, ya que se encuentran menos abrumadas por las complejas finanzas intragubernamentales.

De forma más controvertida, la corporatización se ha utilizado para crear culturas e ideologías del sector público favorables al mercado. Por ejemplo, los operadores de servicios de agua se han gestionado cada vez más como compañías privadas, a menudo con la intención explícita de la privatización una vez se haya alcanzado su potencial de ganancias.

Casos progresistas

Sin embargo, no todos los procesos de corporatización se han desplegado con este imperativo comercial en mente. Nuestra investigación ha encontrado muchos ejemplos de corporatización del agua y la electricidad orientadas a la equidad en varios niveles de gobierno. Este trabajo muestra cómo y por qué estas agencias han logrado resistir las presiones neoliberales y dar prioridad a objetivos sociales.

La compañía de electricidad en Costa Rica (ICE), surgida de la experiencia social-demócrata con el ‘modelo solidario’ de ese país, es un buen ejemplo. Durante décadas, el ICE ha sido una de las compañías gestionadas de forma más eficiente en toda América Latina, ya fueran públicas o privadas. Los ciudadanos y las ciudadanas de Costa Rica son conscientes de las contribuciones del Estado al desarrollo nacional y han resistido a intentos previos de privatizar empresas públicas.

En Uruguay, otro ejemplo positivo de corporatización es el de OSE que lleva más de 60 años prestando servicios de agua de calidad, asequibles y casi universales a la población del país. OSE ha alcanzado una de las tasas de cobertura de agua y saneamiento más altas en la región, y los uruguayos consideran que es motivo de orgullo nacional haber sido el único país del continente que no se vio afectado por la epidemia de cólera que estalló a fines de la década de 1990. El personal sindicalizado de OSE también participa en cierto grado en la toma de decisiones y se considera que la compañía funciona por lo general de forma eficaz, transparente y eficiente.

Los estudios de caso de Asia y África no son tan alentadores, pero no dejan de ir en contra de la corriente de unas poderosas tendencias neoliberales. En Malasia, analizamos al proveedor público de electricidad Tenaga Nasional, que ha conseguido resistir a buena parte de la presión neoliberal para desagregar y comercializar el servicio, algo que sí ha afectado a las empresas eléctricas en otros lugares de la región. Los objetivos públicos han seguido siendo prioritarios en la toma de decisiones, y se han realizado importantes inversiones en la expansión y la equidad del servicio a largo plazo. El acceso está mejorando y la calidad del servicio es, en general, buena.

En Filipinas, examinamos a la compañía Leyte Metro Water District (LMWD), que se ha beneficiado de una iniciativa nacional para crear sistemas de agua con mayor coherencia institucional. La LMWD ha establecido asociaciones con otros proveedores de servicios públicos y comparte activamente recursos y conocimientos dentro del sector público. También se ha tomado seriamente la sostenibilidad ambiental y la gestión de las cuencas, y en cierta medida también las cuestiones de equidad, entendiendo que el agua es un servicio esencial para reducir la pobreza en la región.

El norte de África nos brinda otro tipo de historia de la corporatización, como se demuestra en nuestro estudio del proveedor estatal de electricidad de Túnez, el cual se benefició de grandes inversiones durante el régimen autocrático de Zine El Abidine Ben Ali, pero que sufría también de corrupción y falta de transparencia. El proveedor se enfrenta ahora a presiones para democratizar las estructuras de gobernanza. Sin embargo, el compromiso con la prestación estatal de los servicios aún impera en el sector público, y ha contribuido a una extensa cobertura y una considerable capacidad eléctrica.

Por último, analizamos a uno de los países más pobres y áridos del mundo – Burkina Faso – en donde un proveedor de servicios de agua corporatizado (ONEA), gestionado por (algunos) gerentes que trabajan para mantener una fuerte vocación pública en la prestación del servicio, ha luchado contra la privatización.

Éstas no son las únicas entidades corporatizadas propúblicas en el Sur Global hoy día – ni necesariamente las mejores –, pero demuestran el potencial de la corporatización no neoliberal. Aprender de sus puntos fuertes (y flojos) nos ayudará a entender mejor las posibilidades de desarrollar procesos de corporatización progresistas en el futuro, y los errores del pasado.